_
_
ELIZABETH ALTAMIRANO DELGADO DE GONZÁLEZ
_
Los pianos de Vallenar (cuento)
_
Publicado en libro Con sabor a Chile (Arequipa, Perú)__
_
_

____

_
El rostro cobrizo de mi legendaria tierra emerge de los valles que sonríen con sus labios de uva fresca, mostrando sus dientes de granada que muerden el crepúsculo. Mis ojos se deleitan y nublan a la vez y mi corazón se hincha del aroma a tierra adentro.
_
Vallenar, es una bella y tranquila dama provinciana, yo, inquieta mariposa que vuela por la ruta infinita del tiempo. Te visito después de largos años; me siento como una niña arrullada entre sus faldas y acariciada por su aroma de añañucas. Saciada de leche materna y el pañal recién cambiado, mis pasos temblorosos me llevan al cementerio de antaño. Ahí, en las entrañas de la tierra, duerme mi madre de cabellos rojizos,  roja mujer que me engendró en amor, vino como una garza bella y elegante, me dejó y se fue llorando, pero antes, encargó a la vida amamantarme. Hoy la busco bajo las viejas palmeras y entre las flores secas de las tumbas frías; son tan viejas las palmeras como las lápidas quebradizas que arrancó el titán enfurecido aquella noche de noviembre que me contó el abuelo, cuando las estrellas titilaban alegres y los grillos entonaban un concierto.
_
Apuro el paso por el abandonado cementerio, mientras una lluvia de hojas secas peina mis cabellos. Siento escalofríos y mi frente comienza a expulsar gota a gota el miedo, presiento que alguien me acompaña, mis piernas tiemblan y cae sobre ellas todo el peso de los años recorridos; me apoyo en los fierros retorcidos de una tumba abandonada y aspiro profundo el aire tibio de la tarde cansada.
Un moscardón se come mi silencio, mientras ensaya en círculos su aterrizaje en mi cabeza, con algunas grietas blancas por el tiempo. El zumbido del moscardón me va quitando poco a poco la tensión. Dejo quieta mi cabeza para facilitarle el aterrizaje, pero él, prefiere mi hombro izquierdo; se para silencioso, acomoda su capa azul y saca pecho. Lo miro de reojo y le digo:
_
-¡Hola amigo!, ayúdame a buscar a mi madre, los lirios se están marchitando en mis manos saladas, la tarde va escondiendo las torcazas y mis pasos se han cansado de morder la tierra.
_
-¡Hola Selene! ¿Qué hay de esa niña inquieta y optimista?, pregunta el moscardón.
_
-¿Quién eres tú y cómo me conoces?
_
-Vamos Selene, camina hacia la izquierda y llegarás al naranjo.
_
Me voy por un angosto sendero haciendo a un lado las latas viejas que alguna vez sirvieron de floreros y separando las ramas secas que van de una tumba a otra. De los árboles cuelgan las marionetas de fina cintura, ocho patas largas y  colorido ropaje; ellas danzan  al compás de unas sonatas de Mozart y Chopin que vienen desde lejos. Las notas de los pianos  llegan dulces y candorosas a mi corazón y me dejo llevar por el éxtasis embriagante de la música deshilachando telarañas que van desnudando  mis recuerdos.
_
-¡Cómo te gusta la música Selene!, afirma el moscardón desde el hombro.
_
-Me fascina, pero dime, ¿cómo sabes tanto de mí...?
_
-Bueno mi niña, ¿acaso ya te olvidaste de tu abuelo, de la capa azul y de mi apodo...?
_
-¡Ay abuelo!, de recordar tu apodo... debí  imaginarlo, claro que nunca supe por qué te llamaban el moscardón.
_
-Bueno mi niñita, me gustaba tanto enamorar a las mujeres y mi capa azul era mi talismán de la suerte.
_
-Abuelo, me siento feliz de encontrarte, te confieso que tus historias se grabaron  de tal forma en mi memoria que siempre están en mi recuerdo. Pero dejaste una inconclusa, la de los pianos de Vallenar.
_
-Bueno, responde el abuelo, justamente nos encontramos rodeados de las auténticas protagonistas de aquella historia... ¿estás escuchando los pianos?, ¡qué melodías!
_
-Sí abuelo, continúa.
_
-Corría el año mil novecientos veintitantos y faltaban cinco minutos para las doce de la noche, ¿estás escuchando ese piano, Selene? Es el de la señora Petrona que lo trajo de España.
_
-Sí abuelo, sigue, sigue.
_
-Entonces empezó a entrar a la ciudad algo semejante a un convoy que avanzaba sin frenos, con movimientos verticales que jugaban con los pasajeros del tiempo... ¿escuchas éste, con las notas bajas? es de Alemania y ¡qué lindo tocaba Susan! la hija del boticario.
_
-Abuelo, hace años me contaste lo de Susan.
_
-Bueno, los años me hacen olvidar algunas cosas, pero tu abuelo tiene muy buena memoria, ¡ah!, estaba contándote; luego entró a la ciudad un titán enfurecido con movimientos horizontales que echó abajo las casas de adobe como si fueran castillos de naipes. Después vino algo así como un vapor empujado por la violencia de un huracán y finalmente se dejó oír un concierto de lamentaciones, silencio Selene, ¿escuchas ese concierto a cuatro manos?, ¡son las hermanas Degeyter ¡ las solteronas millonarias que trajeron sus pianos desde Australia.
_
-Sí abuelo, continúa por favor.
_
-Bien mi niñita, te diré que poco a poco fueron saliendo de los escombros algunas personas que despertaban asustadas con las primeras luces del día que iluminaban el rostro herido de Vallenar. De inmediato los bomberos empezaron a trabajar levantando carpas en la plaza para atender a los heridos, mientras la Iglesia se iba llenando de cadáveres.
_
Esa madrugada,  llegaban también desde un punto lejano, las notas de un piano que dejaban escuchar un hermoso vals de Strauss. Dos carabineros fueron a acallar esas notas, pero una dama despeinada le contestó sin sacar las manos empolvadas del teclado, estoy en mi casa, no me molesten y su casa... Selene, estaba en el suelo, pero el rincón donde se encontraba el piano, estaba intacto, te diré mi niña que ningún piano de la ciudad se dañó, todos quedaron en sus lugares de esquina y en las noches siguientes cuando faltaban cinco minutos para las doce, los habitantes de Vallenar se dormían escuchando los conciertos desde los diferentes puntos de la ciudad…¿escuchas Selene los pianos?, así como entonces y empezó el abuelo a tararear el inmortal Danubio Azul.
_
-Sí abuelo, escucho y es hermoso... ¡abuelo...! ¿Dónde estás? no te vayas abuelo... por favor no te vayas, ¿dónde está mi madre? dime ¿dónde está?, por favor abuelo dime...
_
Pero el abuelo se fue volando al compás de las notas azules de Strauss y sólo contestó:
_
-El naranjo, Selene, el naranjo.
_
__
Regrese a la página inicial de ELIZABETH ALTAMIRANO DELGADO DE GONZÁLEZ
__
_

Diseño web - Copyright © 2005-2019_Asociación Canadiense de Hispanistas
Texto - Copyright © 2019_Elizabeth Altamirano Delgado de González._Todos los derechos reservados
 
Página puesta al día por_José Antonio Giménez Micó_el 1 de noviembre de 2019
_ _