Violeta Graciela Herrero  (Argentina)
A Mr. Hazelton

Vaya, Hugh, escuchándote,

por no quebrar el andamio que me sostiene

y escribir versos atemporales,

casi volví a quedar en ataduras,

en el ancla oxidada de atardeceres lueñes.

Cada vez que rompí, creí, creé, fui constructora,

tuve etiquetas/golpes/ignorancias

y aquí estoy otra vez, con mis cincuentaiocho,

salvaje por tornar a mi salvaje

niña que a los tres años habitaba

todas las diabluras

bajo su piel y encima de sus sueños.

 

De tus nubes doradas desprendí mandarinas,

encendidas violetas... Mas, dolida, te digo:

las lluvias tan ácidas se han vuelto

que han roído mi corazón en el agobio.

Tomo así con furor mi lapicera

y un papel de cristal, vacío y bueno,

vuela hasta mis labios que han sangrado,

hasta estas manos que ahora admiran

tu consejo de vivir la vida... De lamerla

sin lucubraciones...

Por ello escribo, Hugh, y  me confieso:

cuando abrazo a mi gata

te recuerdo.

 

  
 
 

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Página puesta al día por  José Antonio Giménez Micó   el 31 de mayo de 2017


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