XXI EXPOSICIÓN DE POESÍA Y ARTE, DEDICADA A

LA CREACIÓN LITERARIA Y ARTÍSTICA HISPANO/LATINOCANADIENSE
 


LXII Congreso de la ACH (Salamanca, España)
20-22 de mayo de 2026
 
 
  

Clelia Rodríguez (El Salvador-Canadá)
12 NOJ











Escrito desde la memoria de quienes sostienen la palabra antes de que exista voz.


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Cuando la velocidad se vuelve una forma de olvido

Sobre la memoria, el conocimiento, el tiempo y las condiciones que sostienen la vida


Hay obras que cambian con el tiempo mientras que hay las que permanecen exactamente iguales mientras cambia el mundo alrededor de ellas. La semana pasada volví a encontrarme con 12 NOJ, un texto que recientemente formó parte del Registro Creativo de la Asociación Canadiense de Hispanistas en la Universidad de Salamanca.

 

Cuando fue concebida, intentaba comprender la memoria, seguir el pasito de las hormigas, la migración, los sistemas de conocimiento mayas, el lenguaje y las múltiples maneras en que ciertos saberes sobreviven a pesar de los esfuerzos constantes por borrarlos, minimizarlos, folklorizarlos o absorberlos dentro de relatos ajenos. Meses después, al volver a verla, sentí algo distinto. No porque la obra hubiera cambiado, sino porque el mundo alrededor de ella sí lo había hecho.

 

De lo que va del 2024 hasta hoy he transitado por la presencia ruidosa de la inteligencia artificial, la escasez y contaminación de manantiales, la desmedida destrucción de ecosistemas, la persecución de estudiantes y personas tras protestar genocidio en campamentos dentro de los campus universitarios, y el agotamiento proclamado en todas las redes y temáticas que se figuran en carteles de conferencias. Todo está conectado por las condiciones que hacen (im)posible la vida y en qué manera aprendemos paulatinamente a olvidar a saber vivir.

 

La vida campesina en la que fue criada, junto a maestros que caminaban leguas para llegar al salón de clases, allá por los cerros de Chalatenango, me imposibilita separar las conversaciones sobre tecnología y el agua. Los Data Centers están a la vuelta de muchas esquinas ya. Esa crianza me prohíbe separar la memoria de la supervivencia. El entorno del campo enseña cómo leer el cielo, el caminar, arrastrar, trepar, volar y nadar de los animales, la paciencia que trae los tiempos de sequía y hambruna, y el habla de la tierra misma.

 

Yo sigo midiendo la vivencia por las cositas que dice el viento que no tiene nada que ver con los calendarios o agendas. La abundancia y carencia del maíz son el aporte a una educación consciente que poco a poco va desapareciendo. Perder esa forma distinta de existir es trágico. De allí que esto de la velocidad me tenga los ovarios encendidos. Somos parte de comunidades que confunden la aceleración con progreso y sin decir pío- pío. La velocidad se presenta al inbox como símbolo de éxito.

 

Aquí viene el gran pero: Los bosques, las semillas, la confianza, el respeto, la lectura, la regeneración, y la memoria tienen su tiempo. Nada de esto responde a momentos fiscales, indicadores de desempeño o planes estratégicos. Todo requiere algo que se vuelve cada vez más difícil de proteger: tiempo suficiente para desarrollarse. La inteligencia artificial no inventó esta aceleración. Llegó a un mundo que ya estaba aprendiendo a confundir velocidad con conocimiento. Es por eso que cada vez me interesa menos el resultado y más las condiciones que lo hacen posible.

 

Una semilla. Un bosque. Una conversación. Una amistad. Una comunidad. Una idea.


Esto no aparece de la nada. Hay una interdependencia entre ellas que se hacen visibles hasta que comienzan a erosionarse. Nos hemos acostumbrado a ignorar la capacidad de ponerle aquel ingrediente conocido como poner atención. Nos acostumbramos a celebrar el agotamiento de cuerpos que hacen posible el buen vivir. En El Salvador y en Canadá esto es el pan diario. Cada año desaparecen más ecosistemas para luego colocar ese hecho como estadística. El sacrificio acaba en un poster. La velocidad es una forma de olvido. Nos han convencido de que la información es lo mismo que entender, que producir es lo mismo que aprender, y que moverse es lo mismo que avanzar.

 

Quizás por eso tantos jóvenes sienten que algo no encaja aun cuando no encuentran las palabras para explicarlo. Estamos viviendo en tiempos de duelo por la perdida de las condiciones que no van a permitirle a otras generaciones el derecho de regenerar su entorno y ser parte de comunidades ecológicas. Cuando ya desaparecen los espacios para sentir y pensar lentamente, también desaparecen los canales para disentir. Una sociedad incapaz de mantener atención profunda no puede sostener una democracia profunda.

 

Y aun así, sigo encontrando señales de vida entre tanta muerte… 12 NOJ es insistir sobre la memoria que se niega a rendirse. Porque parte del trabajo de “descolonizar” el conocimiento no consiste únicamente en recordar de dónde vienen las ideas. También consiste en proteger las condiciones que permiten que esas ideas nazcan, encuentren refugio y continúen viajando.

Tal vez la pregunta más urgente de nuestro tiempo no sea cómo acelerar. Tal vez sea cómo recordar. O más difícil todavía: ¿cómo proteger aquello que hace posible el recuerdo?


Clelia O, Rodríguez, PhD
Fundadora de   Seeds for Change


 
 

 
  
 
 

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